26 abr. 2007

Niño y Grande (fragmentos) 1ª Edición de 1922. Gabriel Miró.

(Garganta de Cuartos, en Losar de la Vera (Caceres) por Sangre.)

Nuestra casa era grande y blanca; el campo,
de llanura apretada de frutales, de cáñamos y mieses.
Las acequias de quijeros muy espesos, de hierbas y de agua limpia,
trémula, peinada por las matas caedizas,
parecían sendas estremecidas, resplandecientes y vivas.
Separaban los tablares un hortal,
liños de moreras anchas y jugosas; y los setos, que guardaban
generosos naranjos eran de aromos, de cuyas ramas,
me dijo mi abuela, hicieron los sayones la corona de espinas del señor.
Al lado de los corrales, seguía la barraca de la familia labradora,
con su cruz de ciprés bendito, el hastial siempre encalado,
y en el rudo enjalbiego caían apretadamente las lenguas llameantes
de los pimientos, y los dorados racimos de las mazorcas.
Delante subía una parra vieja, y sobre el techo de mantos
de leños y henestrosa,
bajaba amparándola el follaje de dos Olmos, asilo de pájaros y cigarras
y protección y sombra del tinado o pesebre, donde roznaban las vacas,
que se volvían a mirarnos al zagal del labrador y a mi,
cuando jugágamos con la becerra...

...Como el paisaje era tan liso, veíamos el tren
que pasaba por las tardes,
y puso en mi la primera levadura de sueños en tierras lejanas,
desde que se asomaba diminuto,
haciendo un gritito de pájaro cansado...

...¡¡Ahora se va a meter dentro del Sol!!- le decía yo a Jesus.
Es que entonces, el sol iba cayendo
como una gota enorme de sangre...

...Las mañanas de fiesta, mi madre, que siempre vestía de luto,
quitábase el delantal y tocaba su rubia cabeza
con mantilla fina y arcaica; mi padre poniase camisa planchada sin lustre,
aunque no se mudase las ropas de pana; entonces sus mejillas
y sus manos tostadas, grandes y nobles, resaltaban como las hogazas
de nuestros añacales en la blancura del mantel...